2008/07/14

¿Cara dura? De ladrillo, por supuesto

Hay quien realmente no sabe ver cuándo ha llegado el fin de las cosas; o quizá sí lo sabe pero le conviene más estirar la situación a ver hasta dónde puede rapiñar.

Eso les pasa a los promotores inmobiliarios de este país. Quien fué mínimamente listo no dejó que la actual crisis le cogiese con el culo al aire, sea vendiendo todo, sea asegurando sus posiciones o como sea que hagan sus negocios. Quien ha querido aprovechar los altos precios provocados por la especulación salvaje al máximo se están encontrando con serios problemas para vender lo que tenían terminado y para terminar lo que tenían a medias (y sin visos de poder venderlo tampoco).

Lo gracioso del tema es que ahora son unos pobrecitos, unos desarrapados, unos parias sin culpa de nada a quienes los malos malientos superpoderosos les niegan la posibilidad de ganarse el pan de forma honrada. Sería demasiado manido recurrir a la fábula de la cigarra y la hormiga, pero no me parece demasiado desatinado. ¿Dónde están ahora los pingües beneficios obtenidos por las constructoras en estos años de bonanza y ladrillazo? Ahora que se jodan. Las hormigas no son inocentes, pero tampoco idiotas. Todo el mundo sabe lo que se juega y no van ahora unos a arriesgar sus beneficios para que otros salven su culo después de estar más que advertidos. Si la banca de este país se está librando de momento de las tortas que han llovido en otros países es por no fiarse ni de su padre y no van a empezar a hacerlo ahora.

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