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2009/09/02

Reverte, te admiro pero no tanto

Hay unas cuantas cosas que me gustan de Arturo Pérez Reverte. Antes de nada, cómo maneja el idioma. Luego, cómo lo usa para soltar soplamocos. Para mi tiene mucho de leer a un Quevedo fresco.

Además de la forma, el fondo de sus artículos también suele ser, como mínimo, de mi agrado. Sin embargo hoy he tenido un serio encontronazo con uno de ellos, el más reciente (31/08/2009) de Patente de Corso, en que habla de los atuendos que el personal luce en verano.

Entre los casos que le irritan nombra bermuderos de chancletas en un buen restaurante del centro de Barcelona o directamente descamisados en un local de comida rápida portuario. Ciertamente, no se trata de las vestimentas más serias, pero dudo que el tema tenga para tanto.

Poniéndome en la piel del turista que se encuentra en el bochorno estival, horriblemente caluroso y húmedo de Barcelona, ni se me pasa salir a cenar, como Reverte, de chaqueta. Si además no salgo a cenar, sino que directamente he estado todo el día caminando por la ciudad, conociéndola o lo que sea, y surge el hambre, no voy a dejar de llenar la andorga para ir buscar mi equipaje y vestirme como al fulano de la mesa de al lado le parezca correcto. Parto de la base de que nunca voy por ahí ofendiendo a la decencia, con peor o mejor gusto.

Además, me opongo al comentario de Reverte porque me recuerda mucho a las actitudes gilipollescas que me encontré mientras vivía en Brasil, país bendito por Dios y bonito por naturaleza, en el que casi siempre hace un calor del carajo. No es infrecuente encontrarse carteles en centros comerciales y otros negocios o incluso oficinas gubernativas en los que se insta a vestir pantalón largo en vez de bermudas y camiseta o zapato cerrado en vez del calzado nacional, las chancletas havaianas.

Sencillamente, el calor hace sobrar la ropa y es muy fácil para los frioleros exigir chorradas que impliquen colocarse cosas encima. Me pregunto cual sería su opinión si los cánones exigiesen ir en mangas de camisa en un febrero mesetario, sin otro abrigo. Supongo que dirían, castañeteando los dientes y con los dedos y huevos azules, que les parece una soplapollez pelarse de frío por una mera convención social. Mientras tanto, los chicarrones del norte que pasamos calor por encima de 15º C, tan agusto criticando la poca clase de esos guiris sureños con bufanda.

Sr. Reverte, no siempre hace calor a gusto de todos.

2007/03/27

La importancia de llamarse Íñigo

No es sólo que mi nombre me guste, es que además influye en mi forma de ver las cosas.

Al menos profesionalmente es siempre un recordatorio de que:

  • soy ingeniero, y mi tarea es resolver problemas.
  • la informática es mi herramienta.
  • debo preparar mis soluciones para que funcionen en el mundo real, no en laboratorio.
Hace poco tiempo experimenté una vez más una solución creada por alguien que probablemente no se llame Íñigo: mi nombre y mis apellidos aparecían, en un billete de avión, completamente cambiados gracias a la Ñ y las vocales acentuadas cambiadas por otras letras comunes.

Cuando aparecen símbolos no alfabéticos todos sabemos que algo hay extraño, pero cuando todos los caracteres son letras aparentemente todo es correcto y... ¡usted no es la persona de la reserva! me decía la moza francesa. Bastó mostrarle tres tarjetas bancarias a mi nombre, cada una escrita de una forma diferente, para que se convenciese. Sí también estaba mi carné de identidad, pero si el nombre cambia la gente no lo mira. Alucinaría esta chica si viese qué cosas me llegan por correo postal o las pirulas que tengo que hacer para alquilar un coche a través de muchas webs únicamente por tener el nombre que tengo.

Comentario para programadores: vamos a ver, ¿cómo que 256 caracteres deberían ser suficientes para todos? ¿Para qué está Unicode, UTF-8, etc.? Menos arrays de char y más strings decentes. Esto va especialmente para los que desarrollen aplicaciones, webs o cualquier cosa que interactúe con usuarios diversos.

La ventaja de estar acostumbrado a ser un caso raro es que piensas más fácilmente que esos casos raros existen, y son éstos los que complican las cosas.

En otro ámbito, lejos del primero, está el tema de la pedantería y la corrección. A mi me gustan las cosas correctas, pero no los pedantes.
He oído decir decenas de veces "maaal, estás pronunciando mal esa palabra inglesa. La forma correcta es ...". En casi todas las ocasiones la misma persona no sólo es incapaz de pronunciar correctamente un término en alemán u otro idioma menos común que el inglés, sino que además se la refanfinfla. Es cierto que tiendo a castellanizar las cosas si estoy hablando en castellano, pero tampoco pido que cualquiera pronuncie correctamente mi nombre; en caso contrario debería estar en posición de saber pronunciar toda palabra de todo idioma existente.

2007/02/05

Hace mucho, mucho tiempo, en una PDA muy muy lejana ...

Más de un mes ha pasado desde que escribí la última entrada en esta bitácora.

No he hablado de nuestro viaje a casa, ni de las navidades, ni del reveillon, ni del viaje de vuelta.
No he hablado de mi pobre 770, que ahora estará en manos de cualquier desaprensivo.
Debería haber comentado algo sobre los magníficos cortometrajes de David Castro.
Hay muchas muchas cosas que... simplemente, se me han pasado.

Como pudisteis comprobar (en varias ocasiones) he sufrido el spam de los cojones, azote de Internet, ocupación de los hijos de la grandísima puta y de chorizos de medio pelo. Probablemente la causa se deba al sistema de Blogger para publicar a través de correo electrónico y al spam de todos los días.
El deshabilitarlo es uno de los motivos por los que he escrito menos ya que la web normal de blogger es un costroño y a mi siempre me ha cargado lentísima.

Espero, ahora que he migrado al blogger nuevo, que esto vaya más seguido; al menos como antes.
Lástima que se me acabase el adSense.

Office OpenXML (OOXML) no debe ser ISO 29500